Tu miedo. Mi beneficio.

“Para comprender la seguridad no hay que enfrentarse a ella,

sino incorporarla a uno mismo.”

-Alan Watts – (1951)

 

En los últimos meses una vorágine de noticias alrededor de la vulnerabilidad a través de las nuevas tecnologías,  ha incrementado nuestro miedo en relación al valor de nuestra seguridad. Desde diferentes frentes, tanto desde un punto de vista personal, hasta el gubernamental, pasando por el corporativo, hemos visto un increscendo de amenazas de todo tipo hacia nosotros. Sin darnos cuenta, miedos que teníamos controlados y paliados han vuelto a resurgir. Pero ¿Cómo nos afectan? ¿Se pueden mitigar de alguna manera? ¿Quiénes obtienen rendimiento de ello?

En mi opinión, cuando hablamos del resurgir de nuevas amenazas, nos hemos de situar en aquellas  emergidas alrededor de las TIC. Éstas están comprendidas, directa e indirectamente, en tres ámbitos fundamentalmente, a mi entender, como son: el ámbito personal/civil, el ámbito empresarial, así como el ámbito gubernamental. En las últimas semanas hemos visto claros ejemplos  de todos ellos con consecuencias, en algunos casos, desgarradoras. Ejemplos como los atentados perpetrados por grupos extremistas en UK, nos dan una imagen cruel y real de cómo nos afectan a nuestra seguridad, tanto como individuos, como gobiernos. Desde cualquier ámbito, todos ellos tienen un común denominador, el mermar nuestra seguridad a través del miedo. Pero  ¿Cómo se hace?

Una de las funciones intrínsecas de los Estados, entre otras, es la responsabilidad de velar por la seguridad de sus habitantes. Pero ¿Qué ha ocurrido en los últimos años para que nos volvamos a sentir amenazados? ¿Por qué ahora más que nunca los gobiernos se sienten perdidos en dicha labor? Quizá, en mi humilde opinión,  una de las razones más importantes, radica en su manera de proceder, mientras que en siglos pasados las batallas se libraban dentro de un área terrenal, en la actualidad se producen en un campo virtual. Me explico.

Desde la financiación del terrorismo hasta su adoctrinamiento, hasta delitos de otra índole, como son el ciberespionaje o el “Hackeos”, en su amplia variedad, se producen a lo largo del día, 7/24, a través de la red, y  entre sus víctimas encontramos a  todos los niveles. Gracias a las nuevas tecnologías, lo que antes llegaba sólo a un grupo reducido de personas, ahora en cuestión de segundos, se extiende de manera global; en consecuencia, lo que antes los gobiernos, corporaciones y civiles, tenían fácilmente controlado, ahora  en segundos se desvanece, y con ello, nuestra seguridad se convierte en volátil.

Después de los últimos atentados ocurridos alrededor del mundo, se ha podido comprobar un auge en la preocupación de los Estados en relación a la protección de sus individuos. Así en los últimos días, mientras que Bélgica ha aprobado comprar un software para identificar a posibles terroristas; países como Australia, UK, US, Canadá o NZ, se han reunido en Ottawa para tratar, entre otros menesteres, la seguridad de sus ciudadanos. En dicha reunión, se planteó de nuevo la necesidad por parte de los Gobiernos, de regular Internet. Más concretamente, se estableció por parte del Primer Ministro australiano, Malcom Turnbull, la necesidad de establecer mediante legislación, la cooperación  necesaria entre los Estados y las grandes mensajerías en Redes sociales, como Facebook Messenger, Whatsapp o Viber, para facilitar la desencriptación de los mensajes, por parte de éstas, cuando éstos pudieran provenir del ámbito del terrorismo. Pero ¿Dónde reside el límite entre la privacidad de los ciudadanos, y la seguridad nacional? ¿Acabaría con el problema?  Y los más importante ¿A quién beneficiaria? ¿Al ciudadano, al verdugo, o quién está detrás del verdugo? Son preguntas que antes de legislar debemos tener presentes.

 

Al igual que los Gobiernos, las corporaciones y civiles también sufren amenazas hacia su seguridad mediante injerencias en internet. Pero ¿les afectan de igual manera?  A mi entender, en esencia podríamos decir que sí. Todos somos vulnerables en la red, sin ninguna distinción. Un claro ejemplo lo tuvimos el pasado 12 de mayo del presente año, cuando el famoso ramsonware  Wannacry atacó, según EUROPOL, a más de 200.000, principalmente grandes empresas, y al menos en 150 países, pero ¿ha sido o será la última? No, por gracia o desgracia se pronostica un auge en los próximos tiempos. Hace tan sólo unos días, el pasado 27 de junio, se registró un nuevo ataque masivo,  su  target, como en anteriores ocasiones, fueron empresas y Estados, entre ellos, empresas tan importantes como la central nuclear de Chernóbil  o el Estado español. ¿Cómo se pueden prevenir? En estos casos, planes de prevención, compliance y formación a los trabajadores, son las mejores medidas que pueden aportar las empresas e instituciones para aminorar el riesgo de sufrir pérdidas de su información, y por tanto salvaguardar su corporación y sus posibles consecuencias.

Por último, pero no menos importante, nos encontramos en el ámbito personal, ejemplos como el “ciberbulling”, “sexting” o “phishing”, entre otros, forman  parte del gran abanico de  delitos, que abarcan al individuo o colectivo como victimas preferentes.

Todos y cada uno de ellos establecen  una serie de características comunes. Primero, los riesgos deviene de un tercer ente, los cuales mediante el miedo, nos hace peligrar nuestra seguridad desde un mundo virtual, el cual de momento no podemos controlar al 100%.  Segundo, desde el ámbito gubernamental, como en el ámbito corporativo o individual se nos muestra que dicho riesgos vienen y devienen, tanto en el mismo ámbito, es decir de manera horizontal (ej. Ciberespionaje entre Estados o compañías del mismo sector), como de manera vertical (ej. Wannacry, un ataque básicamente a empresas y Estados, por también de manera indirecta a los individuos). Tercero, cuando hablamos de nuevas tecnologías, debemos tener en cuenta, que sus pros y sus contras, no se dan en un área específica, sino que se dan a nivel transversal, en todas las áreas de nuestras vidas, tanto en la esfera privada, como institucional pasando por la corporativa. Y cuarto y último, somos los máximos responsables de adoptar las medidas que se adecuen  mejor a nuestra seguridad; ejemplos como la privacidad en nuestras redes sociales, adoptar y aplicar un buen plan compliance en nuestra empresa o legislar de manera diligente como Estado, son actos que nos pueden ayudar a prevenir de posibles males en un futuro. Pero aún así, mírame ¿crees que estamos seguros?

 

Àngela Lleixà Alsina

Abogada Multidisciplinar especializada en: TIC, Empresa, Parlamentario e Internacional

Asociada de ENATIC

@ngelalleixa

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